Lactancia materna con Pequeña Lectora

Pequeña Lectora tiene ya cerca de los 5 años y la lactancia con ella nos queda ya bastante lejos, pero la recuerdo como si fuese ayer. En este post me apetece contaros como fue nuestra lactancia materna durante los 21 meses que duró y el por qué de mi indecisión con Bebé Lector sobre este tema.

Yo tenía muy claro que quería darle el pecho a Pequeña Lectora, había leído mucho y estaba muy informada. Recuerdo llevarme al hospital el libro de Carlos González, «Un regalo para toda la vida». Lo tenía subrayado y lleno de posits, vaya, la teoría me la sabía bien. Sabía también que si me dolía, tenía que consultar a alguna asesora, ya que dar el pecho no debe doler.

En el hospital, al parir, tuve mucha suerte con la matrona que venía a visitarme para controlar el agarre y que todo fuese bien. Era la persona más dulce y atenta que me encontré por allí, algo que viene genial en un post parto. Así que la lactancia materna con Pequeña Lectora empezó de cine. Todo perfecto, sin dolor y con una subida de leche impresionante.

Los primeros meses fueron duros, pero no más allá de lo normal. Los bebés maman a demanda y yo no conseguía darle el pecho tumbada en la cama ya que ella no se agarraba bien y terminaba llorando. Así que cada poquísimo se despertaba y tenía que sentarme con ella para darle el pecho, algo que a mi me desvelaba. Fue a los 3 meses cuando por fin conseguí darle el pecho tumbada de lado en la cama y eso me ayudó un poco a descansar mientras tanto, pero yo seguía sin dormir mientras ella mamaba. Os podéis imaginar, una niña que no era nada dormilona y súper demandante con una madre con un sueño muy ligero…!

Pasaron los meses y con ellos, las crisis. ¡Ay, las crisis! Menos mal que había leído sobre ellas y sabía que eran normales, porque es tan duro ver como tu pequeña demandante se hace mucho más demandante todavía y no te suelta la teta ni de noche ni de día. Sí es cierto, que os estoy contando lo duro que se me hizo, pero también es verdad que había momentos mágicos en la que la ves dormirse encima de tu pecho con esa cara de felicidad. ¡El vínculo que se crea es increíble!

Lo que me encantaba de la lactancia materna:

  • El vínculo que se crea.
  • La comodidad de llevar la comida lista y a la temperatura perfecta en cualquier momento del día.
  • El poder dar el pecho en cualquier lugar mientras estás andando o haciendo cualquier otra cosa sin depender de terceras personas.
  • El consuelo. Recuerdo que cuando mi hija se caía, lloraba, estaba enferma, o le pasaba cualquier cosa, la teta era milagrosa y le calmaba al instante.
  • La facilidad con la que se dormía. Me encantaba la cara de relax que se le ponía al darle la tetita cuando estaba muy cansada y como se le cerraban los ojos al momento. Aunque esto se convirtió en una dificultad con el destete.

Sigo contando mi experiencia, que me voy por las ramas. Cuanto más crecía Pequeña Lectora, más dura se me hacía la lactancia materna. Ya que seguía sin dormir, miento, ella sí dormía (con la teta en la boca). La que no dormía era yo, porque cada vez que intentaba despegarme un poco, se despertaba y lloraba. Tantos meses sin dormir me estaban desesperando y a los 14 meses le dije a mi marido que no podía más y necesitaba destetarla.

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El destete se me hacía imposible. ¿Cómo iba a destetar a una niña que no sabía dormir sin mi teta y que durante el día se pasaba casi las 24 horas mamando? Cada vez que lo pensaba, me agobiaba. Y el famoso destete respetuoso de «no ofrecer y no negar» no funcionaba para nada.

Cómo conseguí destetar a Pequeña Lectora:

Fue la etapa más dura de mi lactancia materna, ya que duró unos 6 meses. Sí, me pasé medio año sintiendo ese rechazo cuando Pequeña Lectora mamaba e intentando que disminuyeran las tomas.

Todo empezó con esa desesperación al no poder dormir, con el rechazo que sentía cada vez que se agarraba al pecho y con las primeras obstrucciones y grietas. Os podéis imaginar, lo peor de la lactancia materna se me había juntado y yo estaba al límite.

Cuando Pequeña Lectora tenía 14 meses intenté reducirle las tomas y lo conseguí, pero cogió su primera bronquitis, estuvo muy malita y la teta era su único alimento, su calor y su consuelo. Yo, como madre, no podía negárselo…

Al recuperarse, estaba más enganchada que nunca, se me hacía imposible reducir tomas y mi rechazo iba en aumento. No sé si le cambió el agarre, pero empezaron a salirme grietas, unas grietas incurables. Consulté a varias asesoras de lactancia y no hubo manera de curarlas. Primero en un pecho, y luego en el otro. Sí, terminé con los dos pezones en carne viva y mi hija seguía mamando porque se me hacía imposible el destete sin que se volviera loca llorando.

Fueron unos meses muy, muy duros, pero cuando Pequeña Lectora ya tenía 21 meses dije que ya había llegado el momento de destetar, de golpe, sin intentar reducir tomas o hacerlo de manera respetuosa. Yo me pasaba el día de mal humor y lo pagaba con ella. Necesitaba poder abrazarla sin sentir rechazo. Así que yo le iba explicando que tenía las tetitas malitas, me dolían mucho y no le podía dar más. Ella a veces lo aceptaba y me ayudaba a curarlas con un poco de cristalmina y una tirita, otras veces lloraba a mares. Pero yo seguía firme con mi decisión, necesitaba acabar con la lactancia para poder estar bien y estarlo con ella también.

Por las noches fue muy difícil, y reconozco que lloró mucho. A veces se dormía de puro agotamiento después de tanto llorar. Eso sí, siempre a mi lado, intentando consolarla de otras maneras que no fuesen con la teta. Yo siempre lo comparo con un síndrome de abstinencia, ya que para ella la teta era como una droga. Le cambié la el pecho por la mano en el momento de domir, y le dejé poner la carita encima de la teta para que sintiese ese calor que la había calmado durante tantos meses. Siempre diciéndole que no podía mamar. Aunque fue muy duro para las dos, su carácter lo hizo más fácil en el sentido de entender todo lo que le decía y le pedía.

El sufrimiento duró una semana. Pasó de despertarse cada media hora, cada hora o en los mejores días cada dos horas, a hacer un despertar durante la noche. Ese despertar era el duro y el que la desvelaba por no tener su tetita. Aunque como os digo, en una semana más o menos ya estaba durmiendo del tirón y cada vez que se despertaba, yo le daba la mano y volvía a quedarse frita. Os podéis imaginar, ¡yo lloraba de la emoción! No me podía creer que mi hija fuese capaz de dormir así de bien. Con el destete nocturno hecho, el diurno fue más fácil, ya que conseguía entretenerla con otras cosas y ella ya entendía que la tetita se había terminado.

¿Qué voy a hacer con Bebé Lector?

Ahora llegan mis dudas y mis miedos. Estoy aterrada por si tengo que volver a pasar por lo mismo con el bebé que está al llegar. Sé que los primeros meses no se duerme a penas des lactancia materna o artificial. pero, ¿realmente se demanda lo mismo con un biberón que con la teta?

He pasado todo el embarazo dudando, sin saber qué hacer. Y aunque sé que la lactancia materna es lo mejor que le puedo ofrecer a mi bebé, me da pánico no poder llegar a todo ahora que tengo que atender a dos personitas.

A un par de semanas de parir, sigo dudando y haciendo un gran trabajo de aceptar todos mis miedos y lo que estoy sintiendo. Pero he decidido dejarme llevar, empezar con lactancia materna, pero sin sentirme culpable si llega el día en el que no quiero seguir con ella, ya sea cuando el bebé tenga 3 meses o un año. Necesito disfrutar de cada momento que paso con mis hijos, sentirme bien con ellos, con los dos. Y si llega un momento en el que dar teta deja de ser placentera para mí, la dejaré, sin remordimientos.

Espero que mi experiencia con Pequeña Lectora os haya servido. ¿Me contáis la vuestra? ¿Fue tan duro el destete?